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El Kuhn de La estructura de las revoluciones científicas: una presentación. The Kuhn La estructura de las revoluciones científicas: an introduction. |
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| DOI: 10.32870/arbolq.v1.n2.e0024 | ||||||||||||||
Este obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución 4.0 Internacional CC BY-NC 4.0 (Atribución-NoComercial) |
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Alejandro Villamor Iglesias |
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Recepción: 29/10/2025 |
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Resumen. Palabras clave: Kuhn. Filosofía de la ciencia. Revolución científica. Paradigma. Ciencia normal. Abstract. Keywords: Kuhn. Philosophy of science. Scientific revolution. Paradigm. Normal science. |
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Neopositivismo lógico y Popper frente a la filosofía kuhniana Una de las principales preocupaciones de los enfoques clásicos consistió en la reconstrucción en lógica formal —tanto deductiva como inductiva— de las teorías científicas. En el caso del enfoque neopositivista, se mantuvo una especie de concepción lineal acumulativa del desarrollo científico: la concepción del “desarrollo-por-acumulación” (Kuhn, 2006, 59). Esto es, si las teorías científicas están constituidas fundamentalmente por una serie de principios o axiomas formalizables, el desarrollo científico consiste esencialmente en la constante aparición de teorías cada vez más perfeccionadas. El conjunto de conocimientos contenidos en una teoría, serán englobados con el discurrir del tiempo en una nueva teoría más amplia. Este fenómeno fue conocido por el enfoque neopositivista como “reduccionismo”: las viejas teorías son reducibles a las nuevas, los términos y enunciados de la primera son lógicamente deducibles de la segunda. En el caso del enfoque popperiano no podemos hablar tanto de una visión acumulativa del desarrollo científico al modo neopositivista, mas sí de una suerte de una concepción progresiva unilateral. Para Popper, las nuevas teorías son un avance con respecto a las precedentes, cuyos enunciados son falsados por las primeras, puesto que nos acercan más a la verdad. Nunca sabremos cuan cerca estamos de esta verdad, ni siquiera si de hecho estamos en ella. Lo que sí nos garantiza la concepción falsacionista popperiana es que con el discurrir del tiempo nos topamos más cerca de ella. En el caso de Kuhn tenemos una visión radicalmente opuesta del desarrollo de la ciencia (entre otros puntos de divergencia). Para empezar, la ruptura de la distinción entre un “contexto de descubrimiento” y un “contexto de justificación” iniciada por Hanson, y seguida por Kuhn (Kuhn, 2006, 60-61) comienza por desvanecer la consideración neopositivista acerca de la no especial pertinencia del desarrollo historiográfico de las ciencias para el filósofo de la ciencia. No sólo no es cierto que el análisis de la historiografía científica no sea fructífero para la filosofía de la ciencia, sino que este se convierte en la piedra angular del nuevo enfoque historicista que aquí abandera Kuhn. Tenemos aquí lo que el mismo autor denomina la “revolución historiográfica en el estudio de la ciencia” (Kuhn, 2006, 60). El desarrollo científico no se desarrolla alegremente a través de un camino recto. Este desarrollo se lleva a cabo mediante una serie de etapas que pueden terminar en una ruptura con respecto al anterior “paradigma” científico. Cuando un nuevo “paradigma” sucede a otro “paradigma”, la relación entre ambos no es de mera falsación ni de reducción. De hecho, ambos paradigmas son entre sí “inconmensurables”. Etapas kuhnianas en el desarrollo de la ciencia Ahora bien, a lo largo de su quehacer, la “investigación normal” se va encontrando con toda una serie de “anomalías” a los que el “paradigma” vigente no es capaz de dar una respuesta. Estamos ante ciertos fenómenos que violan las “expectativas” (Kuhn, 2006, 130) que presenta ese presupuesto “paradigmático” de la “comunidad científica”. El problema se vuelve serio en el momento en que las “anomalías” comienzan a ser una constante del “paradigma” y, asimismo, cuando acaezcan en campos especialmente sensibles. Es en ese momento cuando hablamos de un “periodo de crisis” del “paradigma” dominante que rompe con la seguridad y confianza anteriormente predominantes. En este punto podemos discernir una suerte de sub-etapa o de nuevo periodo entre los dos de mayor envergadura arriba mencionados. En este momento, y frente a Popper, Kuhn no sostiene que la falsación de un “paradigma” conduzca necesariamente a su abandono. Para que esto último suceda la “comunidad” tiene que terminar aceptando, generalmente de un modo bastante arduo y lento, un nuevo “paradigma” alternativo (Kuhn, 2006, 165). Kuhn llegó a decir que “no hay ningún proceso que los estudios históricos del desarrollo científico hayan puesto hasta ahora de manifiesto que tenga la menor semejanza con el estereotipo metodológico de falsación por contrastación directa con la naturaleza” (Kuhn, 2006, 165). En cualquiera de los casos, este último proceso de cambio de un “paradigma” por otro nuevo, este “periodo de transición”, no acumulativo pues estamos ante dos modelos que son “inconmensurables”, es conocido como una “revolución científica” en la que se desarrolla la “ciencia revolucionaria”. El resultado de esta “revolución científica” es un nuevo “paradigma” que sirve de telón de fondo de un nuevo periodo de “ciencia normal”. Además de las nombradas, también cabría mencionar, al igual que el “periodo de crisis”, una especie de sub-etapa, el “periodo preparadigmático”, en el cual el estudio de los hechos todavía no cristaliza en “ciencia normal”. El nacimiento del primer paradigma Dado esto, y por muy cierto que sea que los investigadores de esta etapa previa a la adquisición de un “paradigma” son “científicos”, no lo es menos que el “resultado neto de su actividad” no es “plenamente ciencia” (Kuhn, 2006, 74). ¿Cómo, entonces, de esta diversidad puede llegar a surgir un “primer paradigma” en un determinado ámbito de la ciencia? Por ejemplo, en el “ámbito de investigación eléctrica”, hubo muchas aportaciones y experimentos previos a la aceptación universal de un “paradigma”. Empero, ninguna de estas visiones acerca de la naturaleza de la electricidad podía proporcionar una explicación lo suficientemente amplia y clara acerca de muchos de los “efectos” descubiertos del estudio de la electricidad. Esta explicación llegó de la mano de Franklin y de sus seguidores (Kuhn, 2006, 77) en el siglo XVIII. Para hablar del surgimiento de un “paradigma”, tenemos que encontrarnos ante una teoría lo suficientemente amplia y rigurosa que permita dar cuenta de determinados fenómenos. Lo que no conlleva que esta pueda proporcionar una explicación a todos “los hechos a los que se enfrenta” (Kuhn, 2006, 81). Tal y como no podía hacer, siguiendo con el ejemplo de Kuhn, la teoría de Franklin. El nuevo “paradigma” no ha de explicarlo todo, sino que en todo caso debe “parecer” mejor que las alternativas. La aceptación universal de esta propuesta como “paradigma” en el estudio de los fenómenos eléctricos implicó la aceptación de toda una serie de compromisos; como por ejemplo qué experimentos valía la pena llevar a cabo y cuáles no (Kuhn, 2006, 81). El proceso de ciencia normal Dentro de la “investigación fáctica” en La estructura de las revoluciones científicas se distinguen “tres núcleos normales de investigación” (Kuhn, 2006, 91). En primer lugar, hay el discernimiento de la “clase de hechos” que según el “paradigma” vigente los científicos deben considerar de importancia a la hora de determinar la “naturaleza de las cosas”. Así, por ejemplo, tenemos el estudio en astronomía “la posición y magnitud estelar” o en física “los pesos específicos y comprensibilidad de los materiales” (Kuhn, 2006, 91). En segundo lugar se sitúan aquellos hechos que, aunque directamente carecen del interés de hechos como los nombrados anteriormente, indirectamente su “investigación fáctica” sí resulta de interés con el fin de establecer comparaciones y predicciones del “paradigma”. Casos de esta índole son el “aparato de Foucault” para demostrar que la velocidad de la luz es menor en el agua que en el aire, o los “telescopios especiales” para poder demostrar las predicciones de Copérnico (Kuhn, 2006, 93). En último lugar se sitúa el núcleo que consta del “trabajo empírico” que sirve para pulir y “articular” la “teoría paradigmática”. Experimentos surgidos de la “teoría calórica” como “paradigma” o leyes como la “ley de Boyle” (Kuhn, 2006, 95) son casos de esta índole que, aun a pesar de tener como base un determinado “paradigma”, sirven para pulirlo. Además de estas cuestiones relativas a la “investigación fáctica”, Kuhn correlaciona toda una serie de “problemas teóricos” que debe abordar la “ciencia normal”. Como en los anteriores casos, el fin último no es otro que la consecución de una mejor articulación del “paradigma” vigente a través de la “determinación de los hechos significativos”. Al igual que en el caso de la “investigación fáctica”, esto quiere decir que los contenidos teóricos de un “paradigma” debe ser empleada con el fin de poder establecer predicciones acerca de los hechos que se consideran intrínsecamente valiosos. Posteriormente tenemos el “encaje de los hechos con la teoría propuesta por el paradigma”. De lo que se trata en este segundo punto es que la actividad teórica pueda dar aportar información no intrínsecamente relevante para el “paradigma” con el objeto de contrastarla con los hechos de la naturaleza. Las nociones de “ciencia normal” y la “resolución de rompecabezas” se encuentran conectadas hasta el punto de que esta última es la actividad propia de la primera. El científico es un “experto en resolver rompecabezas” (Kuhn, 2006, 107). Por rompecabezas se entiende “esa categoría especial de problemas que pueden servir para poner a prueba el ingenio y la habilidad en dar con la solución” del científico (Kuhn, 2006, 107). Dado que ningún “paradigma” puede dar con una explicación absoluta del fenómeno que sea, esto es, que siempre va a contar con problemas a resolver, debemos entender que todo “paradigma” cuenta con sus propios problemas. Sólo son “rompecabezas” de un “paradigma” aquellos problemas susceptibles de ser planteados en los términos “conceptuales e instrumentales” que proporciona el “paradigma”. El resto de problemas que no se reduzcan a los dichos términos no serán considerados tales por parte de esa particular “comunidad científica”. Como consecuencia de lo dicho, Kuhn denomina “reglas” a esos límites que establecen los horizontes sobre los que las posibles soluciones a los “rompecabezas” se deben encuadrar, así como los medios a través de los cuales se deben elaborar tales soluciones (Kuhn, 2006, 110). Si, recurriendo a la analogía de los problemas con que se confronta la “ciencia normal” con los “rompecabezas”, un niño no puede solucionar un puzle de cualquier manera (no se deben forzar las piezas y todas deben formar parte del resultado final), tampoco el científico puede actuar como le venga en gana (Kuhn, 2006, 110). La “ciencia normal” se propone, en conclusión, dar explicaciones a determinados “rompecabezas”, que son fruto del “paradigma”, a través de unos límites explicitados por las “reglas”. Aunque para que un “paradigma” pueda guiar la investigación de una determinada “comunidad científica” no es en absoluto imprescindible la existencia explícita de tales reglas (Kuhn, 2006, 119). Un “paradigma” implica una “poderosa red de compromisos conceptuales, instrumentales y metodológicos” (Kuhn, 2006, 115) que determinan qué problemas han de abordar los investigadores del campo científico que sea. Por esto, los problemas de la “ciencia normal” se reducen a “problemas esotéricos”, de resolución de “rompecabezas”, cuya metodología ya está predeterminada por el “paradigma”. La aparición de anomalías Existen una serie de rasgos comunes a las “anomalías”. Estos son la percepción o “conciencia previa” de la “anomalía” (en el caso de Lavoisier, el convencimiento de que algo iba mal en la teoría del flogisto), el proceso gradual de “reconocimiento tanto observacional como conceptual” de tal “anomalía” y, por último, el procedimiento por el que las “categorías conceptuales” pertinentes se ajustan de tal modo que la “anomalía” se vuelve previsto (Kuhn, 2006, 144). Un aspecto a tener en cuenta remarca Kuhn, consiste en que previamente a la formulación de la nueva teoría, el viejo “paradigma” se vio mermado por una época de “crisis”. Se dice, entonces, que un “paradigma” se encuentra propiamente en “crisis” cuando existe una conciencia de sus “anomalías”. Cuando existe una conciencia de que esa “anomalía” “es algo más que otro rompecabezas” (Kuhn, 2006, 173) y, por lo tanto, cuando un número mayor de científicos del campo que sea le dedica mayor atención. Ejemplos de este tipo son la “revolución copernicana”, la propia “teoría del oxígeno sobre la combustión de Lavoisier” o la teoría de la relatividad. La aparición constante de diferentes versiones de una teoría suele ser un síntoma de la existencia de la “crisis”. La revolución científica y la inconmensurabilidad El meollo del asunto reside en que, en las antípodas de la visión neopositivista, para Kuhn los “paradigmas rivales” son incompatibles e irreductibles entre sí. Elegir entre uno de ambos es como elegir entre “modos incompatibles de vida comunitaria” (Kuhn, 2006, 188), por lo que la elección entre uno u otro es básicamente cuestión de “persuasión” (Kuhn, 2006, 189). Como sostiene el autor, no se trata que la teoría newtoniana sea reducible a la einsteniana, sino que esta sólo se puede llegar a aceptar mediante el reconocimiento de que aquella “está equivocada” (Kuhn, 2006, 195). Lo que es todavía más, dada la caracterización de “paradigma”, la contraposición entre dos “paradigmas” no sólo pone de manifiesto la incompatibilidad de estas en lo que a sus contenidos concierne, sino que también pone de relieve las notorias diferencias entre ambas a nivel de creencias, métodos, problemas a abordar o normas a seguir (Kuhn, 2006, 202). Diferentes “paradigmas” llevan a cabo una reformulación de los conceptos tan radical que ni siquiera podemos decir que ambos hablen de las mismas cosas. Ambas plantean “visiones del mundo” totalmente dispares. A esta nueva relación interteórica entre diferentes “paradigmas”, ya no de reducción, es a lo que se denomina Kuhn “inconmensurabilidad entre paradigmas rivales”. Puesto que cada una de estas “visiones del mundo” están compuestas por elementos dispares, no está para nada claro de qué manera se podría llevar a cabo siquiera una comparación entre ellas. No está clara la existencia de un criterio racional, neutral, que permite determinar nítidamente, al modo de las pruebas de la lógica, qué “paradigma” es mejor. Si lo que el científico aprende cuando acepta un determinado “paradigma” es una “visión del mundo” en sentido amplio, cualquier discusión entre representantes de “paradigmas” diversos es un “diálogo de sordos” (Kuhn, 2006, 210). La contrastación científica Kuhn rechazó tanto la propuesta de “contrastación científica” neopositivista como la popperiana. Rechazada la tesis verificacionista en un sentido fuerte (Kuhn, 2006, 260), los neopositivistas se centraron en una concepción basada en la probabilidad. Esta nos insta a comparar una “teoría científica dada con todas las demás imaginables para cubrir la misma colección de datos observacionales” (Kuhn, 2006, 260). El problema es que para llevar a cabo esta “contrastación confirmacionista” los neopositivistas, como sabemos, recurrieron a la distinción entre el “lenguaje observacional” y los “lenguajes teóricos” —donde el primero es aproblemático, neutral y objetivo—. La contrastación científica de los neopositivistas descansa en la suposición de que toda teoría es reducible de algún modo a “enunciados observacionales” objetivos y neutrales. No obstante, la aceptación por parte de Kuhn de la tesis de la “carga teórica de la observación” —no hay ningún “sistema lingüístico” “empíricamente neutral” (Kuhn, 2006, 261)— desecha esta concepción. Por otra parte, la concepción falsacionista popperiana también fue rechazada. Según esta concepción, la clave para desechar una teoría reside en las pruebas empíricas que entran en conflicto con sus enunciados. El surgimiento de discrepancias entre hechos y teoría suscita que esta última se tenga que desechar. Esta idea tampoco satisface a Kuhn, quien afirmó que, al no aportar ninguna “paradigmática” solución a absolutamente todos los problemas, todas las teorías, según la visión de Popper, se tendrían que rechazar (Kuhn, 2006, 262). El progreso científico Con respecto al progreso científico de las “revoluciones científicas”, la propuesta de Kuhn incide en la necesidad de dejar de lado esa especie de ingenuo optimismo que considera que las ciencias avanzan linealmente, siempre a través de “ganancias”, hacia una verdad definitiva. Esta visión típica por parte de los defensores de un nuevo “paradigma” suele tener especialmente presentes sus “ganancias” y ventajas, pero no sus “pérdidas”. Por supuesto, el nuevo “paradigma” ha de dar respuestas a problemas del anterior “paradigma”, ha de conservar la “capacidad concreta de resolución de problemas que se ha acumulado en la ciencia merced a sus predecesores” (Kuhn, 2006, 294). Pero, del mismo modo, tampoco se debe perder de vista el trasfondo presente en la tesis de la “inconmensurabilidad” interteórica. A saber, que cada “paradigma” proporciona una “visión del mundo” particular que, con el triunfo de un nuevo “paradigma”, está destinado inexorablemente a su desaparición. Esto conlleva siempre numerosas pérdidas a varios niveles. La conclusión a la que nos avoca todo esto es, por tanto, que si bien es cierto que parece haber un cierto progreso científico a lo largo de la historia, este se lleva a cabo con una serie de características. Por ejemplo, que este no es un progreso lineal acumulativo al modo neopositivista, que trae consigo numerosas pérdidas en lo que a las diferentes “visiones del mundo” respecta o que, tal y como sucede con la “selección natural” darwiniana (Kuhn, 2006, 298), no tiende a ninguna meta concreta. |
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Referencias Kuhn, T. S. (2006), La estructura de las revoluciones científicas. FCE. |
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[1] El orden de presentación de los conceptos responde a un criterio temático, no alfabético. |
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Universidad de Guadalajara Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades División de Estudios Históricos y Humanos Departamento de Filosofía |
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